Descansa en paz.

 

Antes de que empieces a leer te advierto que quizás deberías pensarlo dos veces si consideras que eres sensible ante ciertos temas como la muerte, heridas graves, etcétera, pues el presente relato podría ser un poco fuerte para tu gusto si no tomas eso en cuenta, dicho eso, si gustas puedes seguir adelante.

Descansa en paz.

C.V. Lapoint.

Su corazón se detuvo, y el pitido del monitor marcó el final de su vida que quedaría impreso en las mentes de sus familiares y conocidos para siempre.
Su madre, destrozada, rompió en llanto encima de su cuerpo que yacía inmóvil en la cama del hospital, lo que comenzó con Claude sin responder ni despertar durante la mañana terminó en su propia muerte, nadie se lo podía creer, pero al parecer su destino había quedado sellado durante la noche mientras dormía. El llanto hacía del ambiente en aquella habitación algo pesado, su pareja conmocionada tuvo que sentarse, pues no soportaba la sola idea de lo que acababa de suceder frente a sus ojos, todos veían a un joven de apenas 24 años cuya vida terminó demasiado pronto.

Pero él estaba consciente.

No podía verlos, pero una parte de su ser seguía consciente, y le tocó escuchar el llanto de todos los presentes sin poder hacer nada al respecto, por más que quería abrir los ojos, moverse y decirles que seguía ahí, no pasaba nada, permanecía inerte sin responder a su alrededor. La sensación de un nudo en su garganta era profunda, pues a la par de los llantos él también lo podía escuchar, el maldito pitido del monitor indicaba que su corazón ya no palpitaba y, aún así, seguía escuchando todo, sintiendo todo, como si estuviera parcialmente vivo. Este no podía ser el fin, si lo fuera, ¿entonces cómo es que se encontraba consciente? Debía ser un muy mal sueño.
El tiempo pasó, eventualmente tuvieron que desalojar su habitación y llevar a su cuerpo a otro lugar, mientras él sentía el pasar de las horas, el movimiento de la camilla y posteriormente el frío y silencio absoluto de la morgue. Si esto era un sueño entonces pronto debería despertar, se decía a sí mismo, no puede ser posible que haya muerto de esa manera. Los segundos con rapidez se convertían en minutos y los minutos pasaban a ser horas, hasta que de nuevo hubo movimiento y del silencio surgieron voces desconocidas.

"Empecemos pronto la autopsia para terminar lo más temprano posible" dijo una de las voces justo cuando se detuvieron.

Claude entró en pánico al escuchar eso, él estaba convencido de que seguía vivo, no podían hacerle eso, estaba desesperado por moverse, por poder gritar y anunciar que seguía vivo, que no hacía falta seguir con el procedimiento pero pensar con fuerza era inútil.
El frío se intensificó un poco al percatarse de que yacía desnudo en una sala especializada para necropsias ubicada en la misma morgue, él no podía hacer nada mientras podía sentir como le tomaban medidas y buscaban en su cuerpo marcas o alguna señal de heridas pasadas o recientes. Sólo de escuchar como preparaban las herramientas que usarían para la autopsia fue suficiente para que casi perdiera la cabeza, aquellos infernales sonidos metálicos lo alteraban como nunca otra cosa logró hacerlo antes, el joven maldecía el hecho de seguir consciente mientras se aferraba a la idea de que todo era una pesadilla, quizás incluso una parálisis de sueño que ya había durado demasiado.
Fue ahí cuando sintió el tacto frío del bisturí, cuando pudo sentir como su pequeña pero afilada hoja traspasó su piel mientras lenta y tortuosamente seguía un recorrido en forma de Y a lo largo y ancho de su cuerpo, desde los hombros hasta el esternón y llegando a la zona pélvica, de alguna manera inexplicable, él podía sentir ese dolor, podía sentir como de forma sistemática retiraban uno por uno sus órganos, proceso que se llevaba a cabo con calma, la delicadeza y lentitud de esto hacía del dolor más insoportable, mientras podía sentir como sacaban las manos con una parte de él sólo para lentamente volverlo a hacer. Él quería gritar, quería llorar por el dolor, pero ese desgarrador dolor no se detendría ahí, pues llegó tan lejos como para sentir cuando le estaban haciendo una incisión en su cabeza, de oreja a oreja hasta que pudieron levantar el cuero cabelludo en dos colgajos como si de una especie de tela se tratara. Era insoportable. Pero no había nada que él pudiera hacer. Lentamente, a pesar del dolor, podía sentir como si se estuviera alejando, cada vez escuchaba todo con un eco mayor, como si estuviera en la más vertiginosa profundidad de una enorme cueva, el anunciante de su final fue el retumbar de un nuevo eco: una sierra Stryker, eco que retumbó en sus oídos como el preludio a un dolor fatal. Tras el lento y preciso corte en forma de corona, fue que todo cayó en un silencio abismal.

Al fin podía descansar en paz.

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