Nuestro último atardecer.

Nuestro último atardecer.

C.V. Lapoint.

Blanket no sabía qué demonios hacer.
El sol estaba por ponerse en el horizonte y no había nadie en la cercanía, sólo el sonido del viento y la respiración acelerada del joven se escuchaban en aquella parte rústica de Vielle, aquella ciudad olvidada por el mundo. Mientras cargaba a Marie con ambos brazos, buscaba entre su desesperación algún refugio, alguna persona, cualquier cosa que pudiera darle esperanza ante los últimos momentos que tendría con el amor de su vida, ella estaba débil; pálida casi como la nieve y agonizando de inmenso dolor, de aquel rasguño en su brazo no dejaba de dejar salir la sangre que marcaba el camino que juntos recorrían.

—Tranquila, todo va a estar bien —le decía el chico con el afán de también engañarse a sí mismo.

Finalmente, Blanket dio con una casa en mal estado pero a la que podían entrar por la entrada principal, por lo que lentamente se adentró en el lugar una vez estando seguro de que estaban a salvo, con sumo cuidado recostó a Marie en un sillón desgastado y rasgó la manga de su propia camisa para tratar de detener el sangrado de su novia, mientras tanto ella apenas y podía verlo a los ojos, su vista se nublaba y su aliento se desvanecía con cada segundo que pasaba. Él se aferraba a las frías manos de ella como si eso la fuera a salvar, como si de alguna manera pudiera detener lo que estaba por pasar solamente deseando que así fuera, pero el tiempo corría y ella empeoraba.

—Blanket... —alcanzó a susurrar Marie con un hilo de voz— No quiero... Hacerte daño... Por favor, acaba con... —fue interrumpida por un repentino ataque de tos seca y el chico aprovechó para hablar.
—No me pidas que lo haga, porque no puedo —respondió entre lágrimas— No puedo seguir sin ti.

Ella suspiró mientras se esforzaba por respirar.
Él no podía verla sufriendo y apartó la mirada.

—Gracias... Por todo —comentó la chica mientras le volvía a dar por toser.

Blanket dirigió su mirada hacia ella con un profundo temor, percatándose de que sus ojos se teñían de rojo, sus manos tomaban fuerza gradualmente y su garganta se comenzaba a escuchar áspera: estaba transformándose en uno de ellos. Por más que le quería hablar, por más que le quería recordar lo mucho que la amaba, las palabras se negaban a salir de su boca, le dolía ver lo que estaba pasando, pero pensar en acabar con todo lo devastaba aún más. Lentamente la soltó para tomar el revólver que guardaba en su pantalón, se puso de pie con cautela como si Marie le fuera a saltar encima y poco a poco le fue apuntando a su cabeza. "¿Pero cómo podría hacerlo?", pensó mientras se mantenía inmóvil y tembloroso. "¿Cómo agarraría el valor de hacer algo así? De tomar el arma... Y apuntar a tu cabeza" se decía en su interior mientras por su mente llegaban todos aquellos momentos en los que juntos rieron, juntos se amaron... Juntos vivieron. La respiración de Marie comenzaba a acelerarse y el corazón de Blanket palpitaba cada vez con más fuerza, como si supiera lo que iba a pasar, pero se negara a aceptarlo. Todo había pasado tan rápido, desde que decidieron visitar la zona antigua de la ciudad, sólo un error fue suficiente para terminar con su historia juntos.
Entonces, con el corazón por salirse de su pecho, con la pistola apuntando a su cabeza, Blanket cerró los ojos con fuerza... Y tiró del gatillo.

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